Cuando hay niños en casa, trabajo, compras y mil cosas por hacer, encontrar un rato para uno mismo parece una misión imposible. Sin embargo, con un poco de organización se puede conseguir que ambos miembros de la pareja salgan a moverse durante la semana. La clave está en turnarse: uno se va, el otro se queda, y luego se cambia.
Un reparto claro
Hablad con calma sobre lo que os gustaría hacer. Uno quizá prefiera correr por la mañana, y el otro caminar por la tarde. Anotad los días y los momentos en un calendario visible, por ejemplo en la nevera. Cuando el reparto es claro, nadie tiene que pedir permiso ni justificarse, y se evitan las discusiones de última hora.
Respetad el turno del otro. Si le toca salir el martes, ese rato es suyo, y no se interrumpe con tareas ni con recados. Quien se queda se encarga de los niños, de la cena o de lo que haga falta, sin resentimiento. Al día siguiente se invierte, y el que salió hace lo mismo. La justicia consiste en que ambos tengan su espacio.
Sed flexibles. Habrá semanas en las que los niños cambien los planes, en las que el trabajo se complique o en las que el tiempo lo impida. En esos casos, mejor cambiar el turno que cancelarlo. Comunicad con antelación cualquier cambio, y buscad otro momento. Una llamada o un mensaje a tiempo evitan malentendidos.
Aprovechad los rincones del día. A veces basta con una salida corta, antes de que los niños despierten o después de acostarlos. Una vuelta al barrio, unos ejercicios en el salón o un paseo rápido son suficientes. No hace falta que sea largo ni perfecto, sino que sea regular y que se sienta como un regalo.
Cuando volváis a casa, interesaos por cómo ha ido. Un simple «¿qué tal?» y una sonrisa hacen mucho. Con el tiempo, los turnos se convierten en un pequeño pacto de cuidado mutuo, en el que cada uno apoya al otro. Y los niños aprenden, viéndolo, que moverse es algo normal y agradable de la vida familiar.